Al iniciarse en la práctica de la meditación, es normal preguntarse cómo sentarse o cómo respirar correctamente. Y aunque parezcan detalles menores, la respiración y postura para meditar son muy importantes: influyen directamente en la calidad de la práctica y en la experiencia interna que vivas al meditar.
En este artículo te comparto lo que aprendí en más de 10 años sobre cómo respirar y sentarte para meditar, desde un enfoque claro, cercano y real.
Porque aunque al meditar a veces es necesario atravesar la incomodidad, es fundamental crear las condiciones necesarias para encontrarte con vos mismo/a con presencia y amabilidad.
Si te gustaría apoyar mi trabajo para que pueda seguir creando y compartiendo meditaciones guiadas gratuitas podés invitarme a un café simbólico 🤍 o unirte a la membresía de Meditando con Maru.

Por qué la respiración y la postura son tan importantes para meditar
Tanto la respiración como la postura tienen un impacto directo sobre tu cuerpo, tu mente y tu estado emocional. Una postura incómoda genera tensión y no permite el flujo de energía, y una respiración superficial o entrecortada puede aumentar la ansiedad o la dispersión.
Si sostenés el cuerpo con presencia y te sumergís a la práctica con una respiración natural y consciente, es mucho más fácil conectar con el momento presente.
Además, prestar atención a estas dos puertas de entrada —cuerpo y respiración— es una forma simple de entrenar la atención plena sin forzar nada.
Cómo respirar para meditar
A menos que estés haciendo una práctica de Pranayama, la respiración en la meditación no necesita ser controlada ni forzada. Lo importante es hacerla consciente. Esto significa registrar el ritmo natural del aire entrando y saliendo, sintiendo el movimiento del cuerpo, observando cómo cambia la respiración cuando te relajás y dejás de intervenir.
Lo ideal es siempre respirar por la nariz, al menos en la medida de lo posible. A veces, respirar por la boca ayuda a eliminar tensión o reducir la ansiedad y podés hacerlo algunas veces si lo necesitás. Pero después, intentá volver a respirar por la nariz.
Lo que realmente importa es que la respiración sea una guía interna, una referencia a la que puedas volver cuando la mente se dispersa.
Respirar para meditar implica confiar en que tu cuerpo sabe cómo hacerlo, y permitirte observarlo sin necesidad de modificar nada. Esa observación, de por sí, transforma.
Cuál es la mejor postura para meditar
La mejor postura para meditar es aquella que te permite estar presente, con estabilidad y comodidad. No hace falta adoptar posiciones rígidas ni dolorosas. Por mucho que veas fotos de personas meditando en la postura de loto, no es realmente necesario. Podés meditar sentada/o en un zafú en el piso, en una silla o incluso acostada/o si lo necesitás. Lo importante es que el cuerpo esté despierto pero relajado, sin colapsar la columna ni forzar una posición que pueda generar rigidez en el cuerpo y también la mente.
Una buena postura es una invitación al silencio. La columna erguida —sin rigidez— permite que la energía circule, que la respiración se expanda, y que el cuerpo se vuelva un soporte firme pero amable para la práctica.
Cada persona tiene una anatomía distinta, así que no hay una postura ideal universal. Lo que sí hay es un criterio común: buscar un equilibrio entre presencia y comodidad.
Respiración y postura para meditar en tu práctica diaria
Antes de comenzar a meditar, tomáte unos segundos para revisar tu postura y sentir tu respiración. No como un paso técnico, sino como un gesto de cuidado hacia vos mismo/a y tu práctica. A veces, solo con ajustar cómo estás sentada/o o llevar conciencia a la inhalación y la exhalación, cambia por completo la experiencia.
En la práctica diaria, estos pequeños ajustes te ayudan a sostener el hábito con más facilidad. Y también te entrenan en algo mucho más profundo: escuchar lo que necesitás, momento a momento, y respetarlo.

