Los 12 principios del minimalismo para una vida simple e intencionada

Como te digo siempre, el minimalismo es una filosofía de vida. Es una herramienta que te permitirá vivir la vida que te merecés o al menos, acercarte a esa vida que tanto soñás. Ya hemos visto que no hay una receta que seguir para convertirse en minimalista, pero eso no quiere decir que no existan principios del minimalismo.

Lo que quiero decirte, es que el minimalismo es un estilo de vida que sí tiene ciertas bases que lo convierten en lo que es: una manera de vivir más consciente y feliz. Porque si vivimos de manera consciente, si llenamos nuestra vida de propósito es inevitable que no nos sintamos felices, abundantes y agradecidos.

Por eso, hoy quiero que hablemos sobre este tema, para que puedas entender un poco más sobre cuáles son las ideas más fuertes de esta filosofía de vida, y que así puedas ver si resuena con vos. Con lo que estás buscando. Con lo que estás necesitando.

▶︎ También te puede servir entender que NO es el minimalismo

12 principios del minimalismo como estilo de vida

1. Es un camino, no un destino

El minimalismo es un proceso que empieza, pero no termina. Así como en un viaje lo importante es todo lo que ocurre durante, no el lugar en cuestión, el minimalismo se transita como un camino. No hay un punto de llegada en el que vas a levantar la copa y consagrarte como minimalista. 

Una vez que decidís emprender este camino, lo seguirás recorriendo cada día de tu vida. Porque no importa cuanto tiempo lleves en esto, siempre habrá algo más que puedas aprender, que puedas mejorar.

2. El cambio es de adentro hacia afuera

Aunque lo primero que se ve son los cambios exteriores, la realidad es que es un proceso que primero empieza en nuestro interior. 

Cuando somos conscientes de que necesitamos un cambio en nuestra vida, empezamos a tomar consciencia de qué es lo verdaderamente importante, qué es lo que nos aporta valor y todo comienza a tomar otra forma.

El cambio de mentalidad, de pensamientos, de paradigmas es el más importante de todos, porque sin ese cambio interior de nada serviría hacer un cambio exterior.

3. Llenar la vida de valor, no de excesos

Uno de los principios del minimalismo es que todo a lo que le damos un lugar en nuestra vida (cosas, personas, recuerdos, proyectos, absolutamente todo) tenga un significado para nosotros, nos aporte valor, nos de felicidad. 

Por eso, al hacer una depuración nadie pretende que elimines todo lo que tenés y te quedes sin nada. El menos es más se refiere a que eliminar excesos de tu vida, tendrás más lugar para las cosas que sí son importantes para vos.

4. Se adapta a las necesidades individuales

Lo que más me gusta del minimalismo es que si bien tiene sus principios básicos, cada uno adapta esta filosofía a su estilo de vida. 

No todos somos iguales, no a todos nos interesan las mismas cosas, no todos vivimos de la misma manera, no todos tenemos los mismos recursos ni facilidades, no todos buscamos lo mismo.

Por eso, cuando pienses en cómo adoptar el minimalismo en tu vida, no tenés que compararte. Cada uno vive el proceso a su manera, cada uno necesita de cosas diferentes, cada uno sabe cuáles son sus límites. 

5. No preocuparse por la cantidad

No hay un número mágico de posesiones que tenemos que tener para convertirnos en minimalistas. Justamente, porque no todos somos iguales y no todos necesitamos las mismas cosas. 

Si tenés una colección de discos que te hace feliz, no tiene ningún sentido que las saques de tu vida solo porque son “muchos”.

El minimalismo te anima a vivir en plenitud y solo vos sabés que es lo que realmente te aporta valor. 

Pero tampoco caigas en la trampa de que “todo” te da felicidad porque sabés que no es así. Lo más importante es ser honestos con nosotros mismos y que el número de cosas que tenemos, sea cuál sea ese número, no importa tanto como la calidad de lo que nos brindan esas cosas.

6. Respeto ante todo 

Uno de los principios del minimalismo que más me gustan es que se basa en el respeto, en el no juzgar. 

No todos vivimos el proceso de la misma manera, no todos vamos al mismo ritmo. Todos tenemos nuestro talón de Aquiles, aunque no para todos es el mismo. 

Por otro lado, tampoco tenemos por qué estar señalando con el dedo a quien decide que este estilo de vida no lo identifica. El minimalismo no busca presionar a nadie, no busca convencer a nadie, no busca adeptos a su filosofía. Por lo general, nuestros cambios son los que animan a las personas en nuestro entorno a interesarse por este camino. Pero si eso no sucede, no pasa nada.

Cada uno tiene derecho a elegir cómo vivir su vida, y nadie tiene por qué interferir en esa decisión.

7. Aprender a dejar ir

El minimalismo inevitablemente nos ayuda a practicar el desapego, a soltar, a dejar ir. 

Nos ayuda a entender que muchas veces nos apegamos a objetos, a relaciones, a trabajos, a pensamientos solo porque los mantenemos ligados a recuerdos, emociones o sensaciones; y no porque realmente estén aportándole algo a nuestra vida.

Es cierto que es, quizás, la parte más difícil del proceso, pero también la más necesaria. Cuando empezamos a soltar también empezamos a sentirnos más libres, y esa sensación de libertad es completamente sanadora. 

8. Vivir de forma intencionada

El estilo de vida minimalista te propone vivir con más intención y menos impulsos. Te anima a ser consciente de tu vida. Del aquí, del ahora.

Te hace pararte frente a la vida y reflexionar antes de tomar una decisión. Te hace plantearte preguntas y te obliga a buscar respuestas. 

Te propone indagar en lo más profundo de vos mismo para encontrar los por qué, los para qué. Para que encuentres tu propósito, tus deseos, tus necesidades.

El minimalismo te invita a dejar de vivir en piloto automático para que tomes real consciencia de lo que pasa, lo que hacés, lo que querés.

9. Revalorizar las prioridades

Si el minimalismo se trata de darle lugar a lo importante, es prácticamente imposible que no empecemos a replantearnos las cosas. Al ser más consciente y más intencionados, inevitablemente empezamos a revalorizar nuestras prioridades, y también a vivir en pos de eso.

Empezamos a darle espacio a todo eso que de verdad nos mueve, nos motiva, nos impulsa, porque eso es lo que le da sentido a nuestra vida.

10. Enfocarse en lo esencial

Y como consecuencia de este cambio, de este rever nuestras prioridades, empezamos a enfocarnos en lo que es esencial. Porque por mucho que a veces nos queramos convencer de lo contrario, no todo lo es.

Y este identificar lo esencial es aplicable tanto al proceso de depuración como también a nuestra forma de hacer las cosas. El esencialismo es una pata que sostiene no solo los principios del minimalismo sino también de la productividad minimalista.

11. Ser dueño de las cosas y no al revés

Aunque a veces no nos damos cuenta, hemos llegado a un punto en que las cosas materiales empiezan a tomar el control de nuestra vida.

No tenemos que ser esclavos de nuestras posesiones, no podemos dejar que nos dominen. Muchas veces nos preocupamos demasiado por si le pasa algo a nuestro teléfono, a nuestro auto, a nuestro ordenador, a un libro… y si bien esa preocupación puede ser porque lo que pase puede tener un impacto negativo o puede costarnos dinero, terminamos olvidándonos que esas cosas son simplemente eso, “cosas”.  

12. Valorar más el tiempo que el dinero

Estamos acostumbrados a considerar el dinero como el bien más preciado que tenemos. Todo lo medimos según el valor monetario que tiene y no por el tiempo que nos lleva conseguir ese dinero. 

Uno de los principios del minimalismo más importante es empezar a entender que el tiempo es lo más importante que tenemos. Que cuando estamos pagando algo no lo hacemos solo con nuestro dinero, lo hacemos con nuestro tiempo. Tiempo que nos costó conseguir ese monto de dinero, tiempo que necesitamos para darle cuidado a ese objeto.

También nos olvidamos del tiempo que estamos invirtiendo al decirle que sí a algo que no nos interesa, o al llenar nuestra agenda de proyectos o trabajos que no nos acercan a vivir la vida que queremos. 

No nos olvidemos que nosotros somos los únicos responsables de cuidar de nuestro tiempo, y si no somos capaces de darle el valor que se merece, nadie lo va a hacer por nosotros. 

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