Ley de Parkinson: qué es y cómo afecta nuestra productividad

por Maru Mutti
Qué es la Ley de Parkinson y cómo usarla a tu favor para mejorar tu productividad. #productividad #leydeparkinson #serproductiva #procrastinacion

Empecé a usar la Ley de Parkinson mucho antes de saber qué era. 

Si te digo la verdad, ni siquiera sabía que se trataba de una ley hasta que leí el libro “La semana laboral de 4 horas” de Tim Ferris. Libro que por cierto te recomiendo leer si te interesa la libertad laboral tanto como a mí.

La Ley de Parkinson se basa en el principio de que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”. O, en otras palabras, hacer un trabajo te llevará tanto tiempo como tengas para hacerlo. ¿Qué quiere decir esto? Te lo voy a explicar aplicado al ejemplo que apliqué en todos mis años de estudio (tanto en la escuela como en la Universidad).

Para eso tengo que darte una pequeña introducción a mi vida como estudiante.

No te asustes, no te voy a contar de las cinco carreras que empecé a estudiar (de las cuáles cuatro quedaron sin terminar), ni tampoco voy a darte clases de historia o lógica. Pero tenés que saber que si bien soy una persona a la que le encanta aprender cosas nuevas todo el tiempo, irónicamente no me gusta ni un poco estudiar.

No me cuesta estudiar. Nunca me costó y estoy segura de que nunca me costará. El problema pasa(ba) por otro lado.

Cuando estaba en la escuela secundaria vivía en un pueblo chiquito, pero muy lindo. Durante mis años de adolescencia me pasaba las tardes fuera de casa, andando en bici, en el gimnasio, jugando al pool (billar) en el bar de la plaza o tomando mates con amigos. Durante las vacaciones era genial, no había nada que me prohibiera no hacerlo. El problema estaba en la época de clases.

Los últimos dos años de la escuela se me revelaron como el primer indicio de que quiero ser capaz de decidir qué hacer con mi tiempo. No quiero tener que hacer algo, sino querer hacer algo. Y si había algo que yo quería era no perder el tiempo entre libros que tenía que leer para un examen sino pasar el tiempo afuera: andando en bici, en el gimnasio, jugando al pool en el bar de la plaza o tomando mates con amigos.

Claramente lo de perder el tiempo entre libros lo veía así porque era una obligación. Si hay un hábito que adquirí de chica es el amor por la lectura y nada lo va a cambiar. Pero, vamos, leer por obligación nunca me gustó.

¿Cómo podía, entonces, cumplir con mis deberes como estudiante pero no resignarme a manejar mis tiempos como quería? Muy simple. Aplicando la Ley de Parkinson que ni siquiera sabía que existía.

Decidí que como era una estudiante eficaz (no eficiente) no necesitaba pasarme días enteros estudiando antes del examen, sino que me bastaba con dos horas e incluso menos. El día del examen me levantaba a las 4,30 o 5 de la mañana, estudiaba dedicándole atención plena a lo que leía y muchas veces me sobraba tiempo para hacer una mini siesta antes de tener que levantarme.

Seguramente estarás pensando “no, yo no podría hacer eso” y te entiendo. No vas a ser ni la primera ni la última persona que pensó que estaba loca y que resumir el estudio de días en apenas un par de horas es imposible. 

Yo te aseguro que no. ¿Por qué? La misma Ley de Parkinson te lo dice. Por regla general “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.

Esta ley se aplica a todos los ámbitos de nuestra vida, y si sabemos aplicarla a nuestro favor, nuestra productividad aumentará en un 100%.

Otro ejemplo claro fue mi primer trabajo final durante el primer año de la carrera de Periodismo (la única que sí terminé). El profesor nos había dado un mes para completarla. Un mes. 30 días. 

El trabajo consistía en pasar una cierta cantidad de tiempo haciendo una actividad que estuviera fuera de nuestra zona de confort y escribir todo sobre ella. Sobre las personas que intervinieron, sobre nuestra participación, sobre nuestros sentimientos. Todo lo que aportara algo para entender de qué se trataba dicha actividad y cómo nos afectó personalmente tenía que estar escrito ahí.

Un mes me parecía un tiempo razonable para el ejercicio. Pasé dos semanas yendo a la escuela de educación especial en la que trabajaba mi prima y me involucré con el trabajo y los nenes tanto como pude. Aprendí un montón de cosas sobre sus enfermedades, pero sobre todo aprendí a relacionarme con ellos de una manera realmente cercana. 

Esos días me llegaron hasta lo más profundo de mi ser. Escribir sobre esa experiencia no podía ser difícil. Pero los días pasaban y yo seguía sin poder escribir algo coherente, que realmente reflejara lo que había vivido. 

La noche anterior a la entrega del trabajo tenía un borrador que me daba pena pero que estaba resignada a entregar. Ya había intentado todo y lo único que lograba eran textos chatarras. Nada digno de ser leído. Me fui a dormir con bronca y decepción. Yo era mejor que eso. No podía resumir mis dos semanas con esos chicos de una forma tan… vacía.

Encendí la luz, abrí la computadora y las palabras empezaron a fluir. Claro, cuando la fecha límite se acerca tu mente deja de crear problemas y resuelve. Otra vez, la Ley de Parkinson luciéndose sin que yo lo supiera. 

El resultado fue un texto más que digno de una alumna de primer año. Tanto, que el profesor me confesó que hasta se le cayeron algunas lágrimas al leerlo. 

Con estos dos ejemplos solo quiero mostrarte que la Ley de Parkinson se aplica siempre. Sea cual sea el trabajo o tarea que tengas que hacer. Mientras más tiempo dispongas para completarla, más problemas/excusas/obstáculos/preguntas encontrarás y más tiempo necesitarás para terminarla.

Como te digo, la Ley de Parkinson puede aplicarse a todos los aspectos de tu vida. Si la ponés en práctica reduciendo al máximo el tiempo límite permitido para terminar determinada actividad, tu productividad aumentará en un 100% y como beneficio tendrás más tiempo para dedicarte a hacer otras cosas.

6 pasos para aplicar la Ley de Parkinson a tu vida diaria y mejorar tu productividad

Paso 1: Hacé una lista con 4 columnas: Tarea│Fecha Límite Inicial │Acciones Necesarias │Fecha Límite Final

Paso 2: En la primera columna escribí todas las tareas que tenés pendientes y que son importantes para vos.

Paso 3: En la segunda columna escribí cuál es la fecha límite que te das para hacerlas.

Paso 4: Escribí cuáles son las acciones estrictamente necesarias que necesitás llevar a cabo para concretarlas. Aunque suenen absurdas, vas a ver que te sirven para entender qué tantos pasos necesitás hacer. 

Paso 5: Escribí la nueva fecha límite teniendo en cuenta la cantidad de tiempo real que necesitás para terminar dicha tarea. No te des más tiempo del que de verdad es necesario.

Paso 6: Poné manos a la obra y empezá a ganar tiempo en tu vida.

En este enlace te dejo una lista modelo para que veas cómo utilizarla. En el ejemplo vas a ver cómo la Ley de Parkinson se aplica realmente a cualquier tarea que tengas en tu día a día. 

Te propongo que pongas en práctica la Ley de Parkinson tanto como puedas y después me cuentes cuáles fueron los resultados.

¿Te animás? ¡Quiero leerte!

Un beso,

Maru

PD. Si te interesa leer más en profundidad sobre la Ley de Parkinson leé lo que el propio C. Northcote Parkinson escribió en 1957 al respecto.

POSTS RELACIONADOS

Deja un comentario

* Al dejar un comentario estás aceptando la Política de Privacidad.

Este sitio usa cookies para mejorar tu experiencia como usuario. Estoy segura de que no tenés problema con esto, pero si tenés alguna duda, leé mi Política de Cookies. Acepto Leer más

Política de Cookies