Dejé las redes sociales por 30 días

por Maru Mutti
Dejé las redes sociales por 30 días y te cuento mi experiencia. Lo que aprendí, lo que pasó, lo positivo, lo negativo y mi balance de un experimento que te recomiendo hacer. #experimentos #30diassinredessociales #redessociales #productividad #minimalismodigital

Dejé las redes sociales por 30 días y esta es mi conclusión.

Las redes sociales forman parte de mi vida desde 2008. Bueno, eso sin contar las plataformas de mensajería instantánea como MSN o ICQ, que empecé a usar unos cuantos años antes. Durante estos 12 años mi comportamiento en las redes fue cambiando mucho y, aunque a veces me cuesta admitirlo, no puedo decir que para mejor. 

Por eso era necesario parar, hacer este experimento. 30 días sin redes sociales. ¿Podría lograrlo? ¿Cómo sería? ¿Y si me pierdo de algo importante? ¿Me mataría la abstinencia? Mil preguntas me daban vuelta en la cabeza, pero estaba saturada y necesitaba hacerlo.

Para mi sorpresa todo fue más fácil de lo que pensaba. No tuve ni la necesidad de desinstalar las aplicaciones de mi móvil, cerrar sesión en todas mis cuentas fue más que suficiente. Y a decir verdad, el solo hecho de saber que no estaban abiertas puso mi mente completamente en foco. Creo que si mis manos fueron por inercia a alguna de las aplicaciones tres veces en todo el mes fue demasiado. De verdad, no estoy exagerando.

A diferencia de lo que hubiese imaginado, la primera semana fue la más fácil de todas. Aunque sería injusto decir que tuve semanas difíciles, porque la verdad no fue así. Lo que sí me pasó, los últimos días del experimento fue algo similar a lo que viví cuando hice mi segundo curso de meditación Vipassana.

En aquella oportunidad sabía, por mi experiencia previa, que alrededor del día 8 me iban a decir que en dos días podría volver a hablar. Yo sabía que eso iba a pasar y aún así no quería saber nada con que me lo dijeran. No quería volver a hablar, estaba muy cómoda así, muy tranquila, muy bien conmigo misma.

Los últimos días de mi experimento de 30 días sin redes sociales fueron similares. Sabía que estaba llegando al final y, aunque nadie me dijera que tenía que abrir mis cuentas por obligación, sentí unos nervios muy raros. No quería que el experimento se termine. Quería seguir alejada de las redes tanto tiempo como me fuera posible.

De hecho, no fui capaz de entrar en mis perfiles hasta el día 33 (técnicamente no dejé las redes sociales por 30 días, las dejé por 33 ?‍♀️). Ese día me levanté, escribí en mi cuaderno como todos los días, medité por 41 minutos y antes de empezar a trabajar entré a mis perfiles de Instagram desde el ordenador para chequear si había algún mensaje “importante”.

Es irónico pensar que en ese momento me preocupara que hubiera algo importante que responder, cuando los 30 días anteriores ni siquiera se me cruzó por la cabeza. Es más, mi poca preocupación era tal que ni siquiera di aviso para que me pudieran contactar por otro lado si era necesario. Simplemente me fui, desaparecí.

Solo las personas más cercanas a mí estaban al tanto de mi experimento. Y no hubo una sola que me tratase de loca o que me dijera que era imposible. Algunos me preguntaron por qué, otros me felicitaron y estuvieron también los que me plantearon cómo iba a seguir trabajando sin publicar en Facebook, Instagram o Tik Tok.

Y aquí está el tema. Dejé las redes sociales por 30 días pero seguí creando contenido.  Seguí escribiendo artículos y publiqué algún que otro episodio de En Tránsito, lo único que no hice fue compartirlo públicamente en las redes sociales. 

No lo hice no porque no lo crea necesario, soy muy consciente de que son una herramienta muy poderosa para cualquier negocio. La presencia en redes sociales es prácticamente un MUST para cualquier marca, eso lo tengo clarísimo.

Pero también sé muy bien que tanto para generar contenido de calidad como para vivir una vida más plena y en equilibrio, a veces hay que saber decir basta. Frenar. Poner todo en pausa. Desconectarse para re-conectarse.

Y eso es lo que hice yo. Eso es lo que estaba buscando.

Alejarme de las redes sociales por 30 días me permitió ser más clara conmigo misma y volver a poner en foco mis prioridades. Y a partir de ahí todo fue fluyendo. Volví a entender que es necesario soltar y también a aceptar todas las cosas que me fueron pasando.

Pero no solo eso. Durante estos días me fui dando cuenta cómo, de alguna manera u otra, buscaba culpar a las redes sociales por todo lo que me generaban. Como si ellas tuvieran vida propia, como si fueran capaces de manejarme como un títere y hacer con mi vida lo que quisieran.

Esa era mi actitud frente a ellas. Desde mi punto de vista anterior, las redes sociales eran las que me tenían secuestrada, las que no me dejaban avanzar. ¿Te das cuenta de lo absurdo que suena este pensamiento?

La realidad es que yo fui, soy y seré la única responsable de mi comportamiento de consumo. Las redes sociales seguirán estando ahí aunque yo quiera olvidarme de ellas. Pero es imposible ignorarlas para siempre. 

Vivimos en una época en la que todo pasa por las redes sociales, es imposible escaparse por completo. Sin embargo, esto no quiere decir que no haya que ponerse límites si es necesario.

Pasaron ya 38 días desde que empecé el experimento y todavía no me atrevo (y para ser sincera tampoco quiero) a volver a conectar mis cuentas en el móvil. Pero sé que será cuestión de tiempo que vuelva a hacerlo. Es inevitable.

Cosas positivas de haber dejado las redes sociales por 30 días

  • Logré ser más constante con mi práctica de meditación.
  • Reduje las distracciones innecesarias.
  • Me reconecté conmigo misma, con mis prioridades, mis necesidades y mis proyectos.
  • Volví a hacer cosas que me enriquecen como leer libros que tenía pendientes o escuchar podcasts que me inspiran.
  • Me di la posibilidad de re-evaluar la calidad de mis relaciones. Estos días me sirvieron mucho para darme cuenta de a quiénes realmente quiero tener cerca.
  • Pude tener conversaciones más interesantes debido a que no sé lo que están haciendo los demás por verlo en stories de Instagram.
  • Pude trabajar más en mi productividad, desarrollo y crecimiento personal.
  • Me di la posibilidad de vivir de manera más presente, sin estar pensando en vivir la vida para mostrársela a los demás.
  • Me di cuenta de que aún si decidiera irme de las redes sociales para siempre, no voy a perderme de nada que sea de verdad importante. Porque la gente que quiero en mi vida no se limita a relacionarse conmigo y a contarme sus cosas a través de una red social.

Sinceramente, quise buscar algún puñado de cosas negativas que haya experimentado en este desafío para compartirlas en este artículo, pero no pude pensar en ninguna. En conclusión, dejar las redes sociales por 30 días para mí fue completamente positivo y espero que todo lo aprendido me sirva para poder cambiar mi comportamiento frente a ellas cuando decida volver por completo.

Y si te lo estabas preguntando, sí. Dejé las redes sociales por 30 días y volvería a hacerlo.

Un beso,

Maru

PD. Ah, también conté mi experiencia en un video, si te interesa lo puedes ver en mi canal de Youtube.

Este artículo forma parte del experimento 30 días sin redes sociales.

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